YIPETOCRACIA

Los automóviles representan una de las aspiraciones más importantes de la sociedad contemporánea en su afán desenfrenado de ascenso social, de consumo de tecnología de punta y de búsqueda de escape a la rutina del sistema productivo.  Con esta falsa creencia de obtención de libertad e independencia –que el mismo sistema pone como trampa- el ser humano se aísla cada vez mas de la ciudad y del mundo.

En Dominicana, Latinoamerica,  como en muchos países,  el tipo de vehiculo que constituye la máxima expresión de todo lo anterior es el gigante 4 x 4: es el rey de las calles, lo mas poderoso y eficaz, el arma mortal del cacique conductor, el vehiculo de los pistoleros motorizados1; monstruo peligroso y transporte del verdugo que cobra miles de vidas de inocentes peatones o que juega a la burla de las leyes de transito. No hay limites, ni aceras, ni área verde para esta maquina demoledora, porque toda la ciudad es su territorio, la cual se va transformando para adaptarse a sus necesidades y no a las el ser humano.  Su nombre es Yipeta 2.

“La dicotomía peatón-coche  refleja la realidad social contemporánea en Latinoamérica y constituye un punto de partida para buscar paralelismos donde entender el entramado social que han delineado los procesos de globalización.” Limber Vilorio / Madrid, 2010.

Dibujos Poder Acción / Dibujo, sonido y movimiento

Dibujos Poder Acción / Dibujo, sonido y movimiento

Dibujos Poder Accion

Dibujos Poder Accion

Yipeta de carne / Gente de asfalto

Yipeta de carne / Gente de asfalto

“La búsqueda de hitos urbanos escondidos, huellas de la cultura popular para redefinir la ciudad como parte esencial de mi proceso de trabajo.”

“La visión de la contemporaneidad Latinoamericana desde el Caribe central  (Republica Dominicana, Haití, Puerto Rico y Cuba), contexto que he tomado como laboratorio continum.

Limber Vilorio / Madrid,2010

Condom Car

Condom Car

No podríamos hablar de sociedad contemporánea ni de urbanismo actual sin dejar de mencionar a la Yipeta.  Solo basta con observar su imponente presencia en las calles o en los estacionamientos de Santo Domingo. Y su impecable estado, que se logra debido a una enorme dedicación de parte de sus propietarios, quienes invierten horas ilimitadas a su cuidado en los centros especializados para esta tarea, mejor conocidos como auto adornos.  Son los salones de belleza de los hombres.  Se han constituido en el centro comercial mas representativo de la masculinidad, porque el cuidar minuciosamente al coche es cuidar al hombre, así como el agregar adornos de un cuantioso valor, como aros niquelados, equipo de música potente carísimo, es potenciar la virilidad y la auto-estima. Sin embargo, todo esto se hace para ocultar una gran inseguridad y una pobreza material y mental.

“Se me ocurre que el automovil es en nuestros dias el equivalente bastante exacto de las grandes catadrales goticas.  Quiero decir que constituye una gran creacion de la epoca, concebido apasionadamente por artistas desconocidos, consumidos a traves de su imagen, aunque no de su uso, por un pueblo entero que se apropia, en el, de un objeto absolutamente magico”

Roland Barthes, Mitologias

Para ser un macho de verdad hay que contar con algo, con un instrumento capaz de infundir temor y generar violencia. Esto al final provoca una auto-destrucción, ya sea por la muerte del conductor en un accidente de transito o en un tiroteo callejero al competir con el otro.  O también, por la perdida de todo el poder obtenido al desaparecer esa coraza que parecía eterna, por no poder sustentar su mantenimiento de alto coste o por su incautación por los bancos al no poder pagar el préstamo solicitado para su compra.

En torno a este objeto se teje toda una trama compleja de relaciones de poder, espaciales, simbólicas, sociales, estéticas y económicas que pueden enmarcarse dentro de un sistema autoritario o YIPETOCRACIA,  el cual al igual que la aristocracia es opuesto a la democracia.

Surge entonces una nueva mentalidad, un estilo de vida propio del habitante contemporáneo,  un comportamiento hegemónico cuyo objeto de poder es la Yipeta y su campo de acción la ciudad.  Un individuo que pertenece a una elevada clase social definida por la posesión de vehículos 4 x 4 –Yipetocrata o Montro3 – y una clase pobre definida por el que anda a pies 4.

YIPETOCRACIA es un proyecto de investigación donde lo esencial es realizar una lectura minuciosa en uno de los objetos de más intima relación con el individuo.

Descubrir, en esta descodificación de símbolos, la vida cotidiana, la sociedad dominicana actual, así como elementos del inconsciente colectivo que podrían servir de herramienta indispensable para repensar la ciudad y formular un urbanismo efectivo capaz de responder a las verdaderas necesidades del habitante en la actualidad. “La psicología de la vida social se orientara hacia el estudio de las relaciones del individuo con las cosas, puesto que esas cosas son productos sociales mucha mas caracterizados y efectivos que los seres humanos que las fabrican” 5.

Propongo realizar un estudio urbano y social a través de la Yipeta, y tomar esta posición como punto de partida para futuras exploraciones que contemplen una lectura de la vida cotidiana con sus cambios constantes y no basados en estructuras lineales sobre estudios hechos en otros contextos y en otros tiempos, que buscan un origen común a todas las cosas. En este sentido me inclino hacia un sistema como la genealogía de Nietzsche aplicada a la lectura de la ciudad, o una genealogía urbana.

La genealogía es gris; es meticulosa y pacientemente documentalista.  Trabaja sobre sendas embrolladas, garabateadas, muchas veces rescritas.

… Buscar un tal origen, es intentar encontrar “lo que estaba ya dado”, lo “aquello mismo” de una imagen exactamente adecuada a si; es tener por adventicias todas las peripecias que han podido tener lugar, todas las trampas y todos los disfraces.  Es intentar levantar las mascaras, para desvelar finalmente una primera identidad.  Pues bien, si el genealogista se ocupa de escuchar la historia mas que de alimentar la fe en la metafísica, que es lo que aprende? Que detrás de las cosas existe algo muy distinto: “en absoluto su secreto esencial y sin fechas, sino el secreto de que ellas están sin esencia, o que su esencia fue construida pieza por pieza a partir de figuras que le eran extrañas.  La razón? Pero esta nació de un modo perfectamente razonable”, del azar 6.

YIPETOCRACIA es un proyecto multidisciplinar  que contempla la integración de artes visuales, arquitectura y arte sonoro en la creación de obras para espacios interiores e intervenciones en la ciudad.  Además se contempla abrir un dialogo entre arquitectos y artistas  en búsqueda de soluciones para  resolver los conflictos entre el peatón, el espacio publico y el caos vehicular.

Es una continuación de mi proceso de exploración sobre este tema que inicie con la obra “Traje para Caminar en Santo Domingo” en 1999.  Luego siguieron las exposiciones “Carros”, “Quien tiro la YIPETA al mar Caribe?” y “PIEL”, donde el concepto siempre ha sido la expresión en distintos medios que giran en torno a un eje temático, así como la integración de arte y arquitectura.

“Es licito ver en los accidentes de automovil un siniestro presagio de una boda de pesadilla entre la tecnologia y el sexo? La tecnologia moderna llegara a proporcionarnos unos instrumentos hasta ahora inconcebibles para que exploremos nuestra propia psicopatologia?”

J.G. Ballard, Crash

Este proyecto busca una participación activa del público mediante una integración del mismo en el proceso creativo de las obras.  También contempla una parte educativa donde se plantearan soluciones para los problemas de la ciudad relacionados con el peatón y se mostrara la importancia de percibir el espacio a pies así como el peligro que encierra una sociedad destinada cada vez mas a encerrarse dentro de un carro por la ausencia de un espacio digno para caminar.

YIPETOCRACIA es un proyecto work in progress que busca realizar puentes de comunicación entre Santo Domingo y Madrid.

“Una metafora total de la vida del hombre en la sociedad contemporanea (…) una advertencia contra ese dominio de fulgores estridentes, erotico y brutal, que nos hace segnas llamandonos cada vez con mayor persuasion desde las orillas del paisaje tecnologico”

J.G. Ballard, Crash

Actualmente soy un artista dominicano residente en Madrid y estoy trabajando y viviendo en ambos países.  Busco respuestas en distintos contextos para problemas comunes y globales.  Además este proyecto abrirá canales de dialogo entre artistas que estén desarrollando su obra en ambos territorios donde podrían surgir futuros nuevos proyectos en torno al tema planteado y a una mayor difusión del arte dominicano en España.

Durante los meses de mi residencia en La Casa de Velásquez en Madrid, realice varios trabajos conjuntos con otros artistas becarios de esta institución y la experiencia fue realmente enriquecedora.  Actualmente mantengo una buena comunicación con esos artistas y estamos realizando trabajos en común para ser presentados en Madrid en 2009.  Estos trabajos están conectados con el proyecto YIPETOCRACIA en un proceso continuo de desarrollo y enriquecimiento.  En algunas fases del proyecto presentado en Santo Domingo podrían tener lugar intervenciones de estos artistas.

1 “A  los conductores que disparan con armas de fuego de todo tipo de calibre a las señales de transito como en un juego de tiro al blanco, sin importarles la vida de las personas que puedan encontrarse en su campo de tiro, los llamo Pistoleros Motorizados” Limber Vilorio,Catalogo de la Exposición Quien Tiro la YIPETA al Mar Caribe?, Museo de Arte Moderno (MAM), 2007
2 Proviene  del famoso 4 x 4 americano marca Jeep, que al fundirse con adjetivos de grandeza paso a las siguientes variaciones:  Jeep grande= Jeep-ezote, Jeep-eton; Jeep pequeño= Jeep-ecito, Jeep-etica; Jeep enorme, caro y confortable= Jeep-eta, en Castellano, Yipeta.
3 En Dominicana,  hombre astuto, de aspecto grotesco,  intimidante, agresivo, vulgar y poseedor de una Yipeta.
4 “El que anda a pies no es gente” o “el que anda a pies es un perro”, es un dicho popular dominicano que se refiere a la condición inferior del que es peatón. Vilorio, Limber, Conferencia El Peatón no es Gente, Museo de Arte Moderno (MAM), Santo Domingo, 2004
5 Moles, Abraham, El Kitsch: El arte de la felicidad
6 Foucault, Michel, Microfísica del Poder, Las Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1992


Sexymovil o Sexyyipeta

Numerosos teoricos han analizado de que manera la publicidad ha construido el coche como un “vehiculo del deseo” (Banham), un “objeto amoroso” (Barthes), un “objeto mecanico con el que casarse” o una “cadena de montaje de diosas del amor” (McLuhan); como se ha desarrollado en definitiva la asociacion automovil/placer, reforzando asi su condicion de fetiche (7).

Ademas, el coche se convirtio en lugar de interludios romanticos y aventuras sexuales. Los valores tradicionales asociados a lugares provincianos se empezaron a debilitar a toda velocidad.  Al final, poco a poco fue normalizandose esta nueva y sorprendente situacion.  En la pequena ciudad californiana de Modesto se erigio una estatua de bronce que representaba a una adolescente sentada sobre el capo de una coche con un joven a su lado flirteando con ella.  La obra fue un encargo para conmemorar el exito de George Lucas como cineasta (un ejemplo clasico del chico de un sitio pequeno que consigue triunfar), un exito que empezo a gestarse con su famosa pelicula sobre jovenes y coches titulada American Graffiti, y que se rodo precisamente alli, en su ciudad natal.

7 Martin, Alberto / Curador de la exposicion Auto. Suegno y materia / LABoral Centro de Arte y Creacion Industrial y CA2M Centro de Arte Dos de Mayo

Un sueño

Estábamos en El Vergel 53.  Mi padre y yo en medio de un tiroteo, también nosotros disparábamos, nos movíamos entre obstáculos, había fosas oscuras, saltábamos paredes.  Luego nos sentíamos perseguidos, miraba a mi padre y el estaba muy animado, como si estuviera disfrutando mucho, tenia todo bajo control; yo estaba acelerado y con miedo.  Nos fugamos en un coche pequeño, viejo, dañado –quizás el Mitsubishi Lancer plateado 1978 que mi madre se saco una vez en una rifa de la iglesia-.  Había que utilizar mil trucos para conducirlo –¡como le gustaba eso a mi padre!-llegamos a una intersección donde teníamos que subir a un tramo de vía que estaba por encima de nosotros, estaba en reparación como siempre en Santo Domingo, la altura que teníamos que salvar era de mas o menos un metro imposible para nuestro carrito.  Podía ver el tramo en sección: la capa de asfalto, luego caliche, relleno de agregado con grava gruesa y finalmente tierra roja.  No sabía como nos la ingeniaríamos para subir –a mi padre le encantaba ese reto, en su rostro se notaba una sonrisa que demostraba que lo tenía todo controlado-.  Delante una patana3 había cruzado, porque era un vehículo gigante, mi padre decidió ponerse detrás y debajo de la cama de acero, yo podía ver su estructura y todos los engranajes que están allí debajo, todo era de color rojo oxido y gris (como la tierra roja del estrato del tramo).  Sentía que se nos venia ese enorme camión encima, que nos aplastaría.  Mi padre disfrutaba.  Cuando estábamos en posición correcta y justo antes de que la luz del semáforo cambiara  verde, mi padre amarro nuestro coche a la patana con una cadena (esa típica cadena o cuerda que llevan los carros en mal estado en Dominicana para que alguien los remolque en caso que se queden averiados).

3  Camión de carga muy pesada,  con plataforma abierta y de gran extensión.

Cuando la patana arranco nos remolco hacia encima del tramo, parecía que no lo íbamos a lograr, el pobre Mitsubishi se balanceaba de un lado para otro como un bebe que quiere subirse a un sitio alto y no puede.  Cuando jalas un vehículo con una sola cadena y desde un punto cualquiera – y no desde su centro de gravedad- este se moverá de muchas formas, dará vueltas, se pondrá al revés, hasta subirse al lugar desde donde lo están jalando.

Esto fue exactamente lo que nos paso.  Podía ver todo a mi alrededor dando vueltas, me daba un vértigo terrible, la altura se hacia mayor –parecía que nos subíamos a una meseta del Cañón de Colorado-.  Mi padre estaba contento, disfrutaba muchísimo de todo esto.

Esto fue un sueño que tuve hoy, enero 9 de 2010, en Madrid, en los días en que pensaba escribir unas notas sobre recuerdos con mi padre como preámbulo para el capitulo de Ocnofilos y Filobaticos en mi ensayo Yipetocracia. Ahora este será el preámbulo de los recuerdos.


El encendido

Salimos un día y cada salida era una aventura llena de riesgos.  Subirse al Chevrolet Impala era como subirse a uno de esos juegos peligrosos de la Ciudad Mecánica.  Al principio uno no sabia si subirse o no, luego que ya estaba dentro no podía salir –no porque uno estuviera amarrado al cinturón de seguridad (este mecanismo no funcionaba por lo que nunca se usaba) sino porque estar allí causaba fascinación- la actitud desafiante de Tomas Lindbergh te mantenía pegado al asiento-colchón de vinyl negro.  Sentarse delante era un privilegio.  En esa posición uno tenía mayor sensación de velocidad, mejor visibilidad sobre los vehículos que se iban a rebasar a mil en corte de pastelito.  Una vez se subió allí un amigo mío, al finalizar el viaje me dijo “no creo que me monte otra vez en mi vida”.

El viaje comenzaba con un ritual especial.  Primero pasar un trapo minuciosamente por toda la superficie de rojo sangre de la nave.  El trapo era para secar la humedad en los días de lluvia o para limpiar el polvo en los días secos, en estos días se utilizaba una cubeta de plástico pequeña con agua hasta la mitad para ir remojando la lanilla.

Luego la revisión de los niveles de fluidos como el aceite, líquido de frenos, líquido del guía hidráulico, líquido de transmisión y agua. Para esto había que abrir el bonete lo cual era muy difícil, levantarlo requería de gran fuerza y de una maniobra difícil.  Se dejaba de último el agua del radiador porque el carro tenía que estar encendido para esto.  Entonces llegaba el momento del encendido del motor, algo que también requería de una habilidad especial –no vaya a ser que se inunde o que se gaste la batería al intentarlo repetidas veces-.   Esto era todo un espectáculo, como cuando va a despegar un cohete: era un momento de tensión, uno no sabía si encendería o no.  Te venían muchas interrogantes, encenderá al tirón? Encenderá luego de varios intentos? Encenderá y luego se apagará y luego no volverá a encender? No encenderá y mi padre se pondrá de mal humor y estrellará la puerta? Encenderá y mi padre tendrá una sonrisa en su rostro?

Mi padre dentro de su carro en un momento espectacular, el inicio del show, el momento crucial para demostrar que la máquina estaba en buenas condiciones, para reafirmar su confianza en ella, para que nosotros al igual que los vecinos escucháramos el rugir de su motor de gasolina de 8 en V11, como el rugir de un león en la selva marcando su territorio.  El capó todavía abierto para echarle agua al radiador cuando estuviera encendido.  La llave dentro del suiche, la palanca de transmisión en posición de parking, el pie en el acelerador zapateando unas tres veces para inyectar gasolina y asegurar el encendido.

Llegó el momento! El motor de arranque sonando unos tres ciclos y el motor no enciende.  Luego otro intento, esta vez más ciclos.  Una pausa.  Otro intento mas largo y el motor intenta prender, en ese momento mi padre zapatea vigorosamente el acelerador para ayudarlo. Pero se apaga.  Otra pausa (…)

Ahora se requiere de mayor concentración, mayor destreza para poder sentir el momento exacto en que se tiene que inyectar gasolina al motor –para esto hay que conocer bien la psicología del carro, entenderlo requiere años de íntima convivencia para saber cuales son sus mañas-.

Tomas respira aceleradamente, como cuando esta enojado, sin duda el no quiere quedar mal ante su publico, su familia, sus vecinos y el mundo, que le han dicho –su familia- o simplemente insinuado con una mirada –sus vecinos- que cambie de vehículo, que ese ya esta viejo.  Entonces intenta otra vez.  Esta es la final.

El motor de arranque ya no puede mas, la batería esta al punto de consumirse, el zapateo en el acelerador se escucha a distancia –yo pensaba que iba a romper el pedal-, todos rogando que prenda, que prenda, que prenda y pueda iniciarse el día con normalidad, que prenda y mi padre no se incomode. Que prenda y que no haya necesidad de llamar al Chino12 para que este inunde la casa con grasa quemada, con vapores de gasolina y aceite, para que no deje piezas por todos lados, para que el carro no se quede desarmado durante días a la espera de que aparezca la pieza especial, la pieza que hay que buscar usada porque nueva no aparece, la pieza que el mecánico no coloca del todo bien para engañar.  Que prenda, que ruja el motor aunque nos de vergüenza ante los vecinos, que prenda y podamos llegar al colegio. Que prenda y que prenda el día!

11  Motor de ocho cilindros en posición de “V”, su gran potencia era proporcional a su consumo.  Típico de los vehículos americanos de principios de los 70’s.

12  Mecánico de mi padre de  toda la vida.  Tenía su misma edad. Había estudiado en los Estados Unidos y se sabía todos los trucos de los vehículos americanos de transmisión automática –podía desarmar y volver a armar una transmisión en un dos por tres-. Pero también hombre mañoso, que abusaba de la confianza de mi padre y le hacia gastar mas dinero de la cuenta o duraba mucho tiempo en arreglarlo. Siempre discutían y mi padre juraba no volver a emplearlo, pero cuando no había mas remedio para arreglar un problema difícil del Impala siempre acudía al Chino porque era, al final de cuentas, el “experto”.  Había entre mi padre y el una relación de amor-odio, como en la mayoría de sus empleados de confianza.

Y el carro prendió!  El motor a 7,000 revoluciones parece que va a explotar, el humo que sale del muffler inunda la casa y se mezcla con el desayuno.  Ruge el león de la selva de cemento y asfalto! Los vecinos cierran sus ventanas y sus puertas.  Mi padre tiene que calentarlo para que permanezca prendido con determinados ciclos de duración que solo el sabe.  Tengo una sensación de júbilo y desesperación, por fin prendió pero hace un ruido tremendo, insoportable. Por que tienen que ser así las cosas?

Llego la calma, el monstruo de acero ya no se apagará.  Mi padre sale para echarle agua al radiador hasta rebosarlo, hasta que salga esa agua de color naranja-óxido. Luego cierra el bonete con un fuerte movimiento que hace un típico estruendo indicando que cerró bien –porque si no cerró bien hay que cerrarlo con más fuerza-.

Todo está listo para salir.  Los tripulantes pueden entrar en cabina.

El viaje


Ocnófilos y Filobáticos

Los accidentes de coche, además de películas, protagonizan también novelas.  Por ejemplo, en Crash (1973), de J.G. Ballard, nos encontramos con el choque final de Vaghan, en el que muere cuando el coche, fuera de control, salta por encima de los raíles de un paso elevado y acaba empotrándose en el techo de un autobús lleno de pasajeros que va al aeropuerto de Heathrow a coger un vuelo.  Apunta Ballard que el accidente produjo enormes retenciones. De una manera poco esperable, Ballard también invoca la imagen del trafico en su ensayo “In the Asylum of Dreams”, donde comenta que “la carretera que Freud tomo hacia el inconsciente enseguida demostró ser propensa a sufrir retrasos y desvíos, y actualmente esta atrapada en el trafico de una serie de teóricos rivales”. Desgraciadamente, Freud nunca escribió  nada sobre coches, aunque algo tenía que decir sobre el miedo a los ascensores y a los trenes, que el mismo padeció.

El excelente psicoanalista húngaro Michael Balint, en cambio, si aportó una serie de comentarios relevantes, a pesar de que también este autor evitara mencionar los coches en si y los incluyera en otros temas más generales. En su obra Thrills and Regressions (1959), Balint abordó lo que el llamaba “filobatismo”, el goce de las emociones fuertes y la búsqueda de experiencias nuevas.  Según este autor, una importante subcategoría de estas emociones son las relacionadas con la velocidad y, como se incluye explícitamente, con las carreras.  En términos generales, sin embargo, las emociones están relacionadas con la psicología del movimiento, un tema que apenas se había abordado antes de Balint.  De hecho, el mismo reconocía que estaba “sorprendido por lo poco que se sabe sobre la psicología del movimiento.  Lo único que conocemos de ella son los trastornos que ocasiona…”  Balint puso de relieve, no obstante, que en sus Tres ensayos sobre la sexualidad (1905) Freud mencionaba la excitación creada por el movimiento, tanto pasivo como activo, “al ser mecido, por un lado y, por otro, al revolcarnos, forcejear o comportarnos de forma salvaje”.

En mi opinión, conducir podría situarse en cualquiera de estas dos tendencias, ya como subordinación al movimiento del automóvil ya como conducción veloz y temeraria.  Pero a Balint le interesaba sobre todo la relación que el movimiento (o, en nuestro caso concreto, la conducción) puede llegar a establecer con ciertos objetos y la que, gracias a el, forjan las personas en su entorno.

Para Balint, el mundo se divide entre los ocnofilos y los filobáticos.  Los primeros se angustian ante la posibilidad de una agresión (entre la que se podría contar la conducción imprudente), y se inhiben por el trauma  que supone cualquier movimiento inusualmente intenso.  De ahí que, en opinión de este autor, les resulte difícil adquirir las habilidades básicas necesarias para disfrutar de la “emoción” que puede traer consigo conducir.  En cambio, el filobatico esta mas que dispuesto a adquirir cualquier destreza que le lleve “a montarse en cualquier tipo de maquina”, ya las instaladas en un parque de atracciones o simplemente en un aparato que sirva para conducir por una carretera.  Como dice Balint, “es obvio que disfruta abiertamente” (como el personaje del sapo), “lo cual oculta el precio que tiene que pagar por esas emociones”, a saber, su incapacidad para relacionarse con los demás o sus limitaciones a la hora de encontrar placer en su propia actividad personal.  Balint también destacaba que los filobaticos forjan una relación especial con las herramientas de las que se sirven en su búsqueda de emociones fuertes.  Llegan a tener un control total de todo el equipamiento, a diferencia de los ocnofilos, cuya tendencia es agarrarse con fuerza al volante.  El filobatico confía en que puede sortear a todos los demás conductores que se inmiscuyen en el maravilloso espacio vació en el que aprecia moverse.  Su mundo se estructura en función de “una distancia segura y una buena visibilidad” (rasgos espaciales) mas que por la proximidad física o el tacto, como en el mundo del ocnófilo.

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